Ponerle alas a mí destino

Lo prometido es deuda, y el Mellizo canceló el pagaré. "La prioridad la tiene Lanús" había dicho respecto de la finalización de su contrato, y cumplió, pese al acecho de varios clubes . El viernes 07/03/14 en Conferencia de Prensa, ante la curiosidad de un periodista, Guillermo confirmó lo que ya se venía hablando y también desarrollado él mismo en un programa televisivo el día anterior: "(La renovación del contrato) la tenemos arreglada de palabra con la dirigencia desde principios de esta semana, no recuerdo bien el día, pero está arreglado. Más allá de que no está firmado o no está escrito en un papel, ya está de palabra, tanto la mía como la del presidente, y no hace falta más". Se presume que el próximo día lunes harán el anuncio oficial, pero no será más que un formalismo, tal como dijo el mismísimo DT, revalorizando nuevamente una de sus principales características: la palabra.
Guillermo confirma que se queda hasta diciembre de 2015.
De esta forma se echan por tierra los rumores que circulaban respecto de una posible incorporación a la Selección de Paraguay y algunos equipos de Estados Unidos que, tras la gran imagen cosechada en Columbus Crew, piensan en contar con sus servicios en repetidas ocasiones. En este sentido, no nos olvidamos del gran pretendiente que lo conserva como uno de los ídolos más importantes que vio su historia: Boca Juniors. Mientras en el club de la ribera vuelan golpes de puño entre las eternas e interminables facciones del vestuario, la dirección técnica a cargo de Carlos Bianchi se sostiene a fuerza de su propia espalda y clamor popular, y un Riquelme incapaz de dar un paso al costado dignamente cuidando, de esta manera, al club del que es hincha, Guillermo decide borrar de un plumazo las llamas de su nombre ante cada desconcierto Xeneize, donde sueñan con tenerlo en el banco de suplentes. El Mellizo firmará un nuevo contrato con efectos a partir de junio, donde opera el vencimiento del actual, y tendrá validez hasta diciembre de 2015, fin del mandato del presidente granate, Alejandro Marón. 
Se habla de alguna cláusula de salida bajo secreto de sumario. Me tomo el atrevimiento, por conocer las conductas del Mellizo a lo largo de tantos años, de asegurar que no existe tal condición respecto de Boca, por lo que Angelici, su presidente, deberá pensar en otro candidato ante futuras convulsiones. Sí es probable que haya referida a equipos europeos de determinada envergadura. 
El Cuerpo Técnico de los mellizos rubrica un nuevo vínculo en el que seguramente, a la hora de reflexionarlo, tuvieron en mente los próximos desafíos que redundan en una palabra que los identifica mucho: ganar. Lanús disputará en 2014 la Copa Libertadores ya iniciada, luego del Mundial la Recopa Sudamericana ante el Atlético Mineiro del gran Ronaldinho, vislumbrando la revancha de la Copa Conmebol de 1997 a manos del mismo rival, y posteriormente será el turno de visitar Japón por la Suruga Bank para definir el título ante el Kashiwa Reysol, campeón vigente de la Copa Japonesa League, tras vencer en la final 1-0 al Urawa Reds.
Empieza a tener visos de realidad aquéllo que alguna vez manifestó Guille: "Quiero ser el Ferguson de Lanús". Transcurrió más de un año y medio desde aquélla presentación tanto como DT de Lanús como en su debut personal en el cargo. Ha obtenido respuestas a sus preguntas retóricas y, si bien tenía las ideas claras desde aquél 10/07/2012 sentado junto a Nicolás Russo post primera práctica, hoy las pudo llevar adelante, pelear todo campeonato en el que participó, ganando una Copa Sudamericana y el cariño de los hinchas granates. Así fue ése, su primer día:


Caricias de asfalto

Atrás quedaban los cuartos de final de la Copa Libertadores del 2004, ante Sao Caetano, gracias a que el Pato Abbondanzieri seguía dejando su huella en las definiciones por penales. Y lo que no ocurrió en el 2003, cuando el América de Cali se puso en el camino de River, finalmente se concretó. La semifinal de la Libertadores tuvo el condimento más espectacular posible: el superclásico.
Para River ése era el momento preciso e inmejorable de vengar la eliminación sufrida en aquélla Copa del 2000 a manos del Xeneize con el recordado gol de Palermo. Y con esa carga de adrenalina se jugó, en La Bombonera, el primer combate. No hubo otra manera de definirlo: con la particularidad de que ambos partidos se jugaron sin hinchas visitantes por una cuestión de seguridad, la violencia y la agresión, paradójicamente, se vieron dentro de la cancha. Y entre los jugadores más experimentados. El partido se fue calentando con algunos cruces hasta que Marcelo Gallardo se sacó: lo bajó desde atrás a Cascini, el volante central de Boca reaccionó y Claudio Martín expulsó a los dos.
Sin embargo, no pudo evitar que esa acción contagiara de nerviosismo al resto. En el medio del tumulto y empujones varios, el Muñeco arañó en la cara al Pato Abbondanzieri y ahí la escena se hizo incontrolable. Tanto, que el preparador físico de River, Gabriel Macaya, salió del banco, se cruzó con Guillermo y al ratito cayó nocaut por un trompazo del 7 que tampoco tuvo la fuerza ni la precisión de Mike Tyson, pero que mantuvo al PF cinco minutos acariciando el césped. Aquélla historia que pasó a ser anécdota pudo costarle muy caro al Mellizo.
"Fueron cinco minutos en los que me quería morir porque sabía que si alguien me había visto, me iba a perder la revancha. Todavía no sé cómo zafé. Igual, pocos saben que aquélla vez reaccioné porque Macaya me pegó primero. Y desde atrás. Es cierto que éso no justifica mi respuesta, pero fue instintiva, porque enseguida me dí cuenta de que me había ido a buscar premeditadamente. Quiso sacarme de la cancha. Total, River perdía al preparador físico y Boca a un jugador. De todos modos, ni el golpe de él ni el mío fueron para tanto. Él cayó, luego se puso hielo... Fue una exageración que dejó aún más en evidencia su intención".

Un ejecutivo se ahorcó con la corbata

El año 2000, si bien estuvo empapado de festejos para el Boca de Carlos Bianchi, también fue difícil para Guillermo en cuanto a las lesiones. El esfuerzo y la tensión de aquélla final en el Morumbí le jugaron una mala pasada provocándole un desgarro de un centímetro en la cara anterior del muslo derecho. Y la recuperación le llevó prácticamente todo el Apertura.
El Mellizo jugó poco y nada ese segundo semestre (algunos minutos en el 1-1 contra River, y fue titular contra San Lorenzo y Estudiantes, en la última fecha), en el cual hay que fechar el nacimiento de una rivalidad hasta a veces fuera del campo de juego con Marcelo Delgado. Es que por esa época se jugaba nada menos que el acompañante de Palermo en la delantera para la final de la Copa Intercontinental contra el poderoso Real Madrid, y Guillermo, sabía, arrancaba de atrás.
Guillermo y Palermo festejan. Son campeones del Mundo.
Esa intuición, de todos modos, no fue el único motivo por el que Hugo Barros Schelotto no quiso ir a Tokio. El padre de los mellizos les tenía poca simpatía a los aviones, y si algunas horas eran un castigo para él, ni consideró lo que serían 36 horas de vuelo. Con las valijas listas para ser despachadas y ruegos de su propia mujer, Hugo se bajó del viaje esa misma mañana en la que debían partir. Esos dos pasajes que habían reservado los Melli, entonces, quedaron vacantes.
De ninguna manera iban a cancelarlos. Junto con Gustavo decidieron llevar a sus amigos. Los candidatos eran 4: Leo de Cristófano, Martín Ñoqui Salgado, Flavio Pepe Tunessi y Hernán Chichón Santilli, pero como estos dos últimos eran médicos y tenían complicaciones con las guardias y la cirugías, quedaron descartados de entrada.
Ese mismo lunes, entonces, horas antes de emprender la odisea oriental, Guillermo hizo una recorrida para despedirse de todos. Y el mediodía lo encontró en el Lloyds Bank ubicado en 47 entre 7 y 8, donde Leo, uno de los elegidos, trabajaba como jefe de área. El Melli saludó, como de costumbre cada vez que pasaba por la sucursal, y sin decirle una palabra a su amigo se metió directamente en la oficina del Gerente. Fue una maniobra que nadie creyó extraña ya que Guille tenía muy buena relación con él. Sin embargo, esta vez tenía un cometido específico. Y entre comentarios sobre el partido y las sensaciones previas al acontecimiento del año, le apuntó a su misión.
Regreso y festejos.
- "¿Vos sabés si Leo tiene algunos días para poder tomarse?", atacó directo al punto.
- "Mirá, se puede conversar. ¿Por qué es?".
- "Quiero que venga a Japón. Tengo un pasaje para él".
- "En ese caso no habrá problemas. Le doy lo que necesite".
Para evitar falsas ilusiones, el Mellizo se encargó en primera persona de las gestiones. Sin intermediarios y sin trasladarle la responsabilidad a nadie. Con la confirmación del Gerente bajo el brazo salió de la oficina contento como si él mismo fuera el acreedor de semejante sorpresa. Ahí se encaró con su amigo, aunque fiel a su estilo mantendría el secreto hasta el final con esa media sonrisa tan característica en él como pícara que permite desconfiar, cualquiera sea la causa de la charla, sobre si realmente se trata de broma. O no.
- "Bueno, Guille, que tengas mucha suerte. Igual, hablamos o nos escribimos por mail...".
- "Dale. Ah, Leo, a la tarde llamalo a Ñoqui (el otro amigo condecorado para el gran viaje gran). Se vienen los dos a Japón...".
- "Andá, ¿me estás cargando?".
- "No, no. Hugo y Cristina no van. Y con Gustavo los elegimos a ustedes".
- "Sí, está bien, yo te agradezco. Pero igual, por más que sea cierto, yo estoy laburando. No me van a dar permiso de un día para el otro...".
- "Bueno, hablá con el Gerente. Él ya me lo dio".
- "Dale, Guille...".
- "Mirá que hablo en serio. Arreglen con la agencia para confirmar la hora del vuelo. Nos vemos allá. Chau".

Y por dinero vino a ofrecerme su palabra Santa

Alguna vez Guillermo pudo ser jugador de su futuro gran rival de Núñez. No lo fue por una diferencia de U$S2.500.000 gracias a un revire del por entonces DT del  Lobo, el Viejo Griguol, debido a la oferta de U$S5.000.000 de River por el combo Barros Schelotto. Les subió sustancialmente la cotización diciendo "si quieren a los Mellizos, que paguen 10 palos". Pese al consejo antojadizo, el Presidente de Gimnasia, Delmar, no le hizo tanto caso y los cotizó en U$S7.500.000 aunque el pretenso club no se estirara más de lo ya ofertado.
Mientras River todavía festejaba la Copa Libertadores, Bianchi firmaba contrato con la Roma, el Cholo Simeone ganaba La Liga con al Atlético de Madrid, Crespo se iba al Parma por U$S3.500.000 y Argentina cedía la medalla de oro en los Juegos Olímpicos al caer frente a Nigeria por 3-2, otro que se anotó por aquéllos tiempos de Gimnasia para obtener los servicios de Guille fue San Lorenzo, quien ofertó U$S1.300.000 más el pase de Javier Albarello. Ésta, como tantas otras, también la rechazó, aunque se lo veía ilusionado. "Pero como con la de Gimnasia, nunca".


Contar uno por contar cuenta cualquier historia

A pesar de que el mismísimo Guillermo lo niegue rotundamente, es cabulero. O lo fue. Una de ellas tan importante como ridícula implicaba a sus amigos de toda la vida Leo de Cristófano y los hermanos Sebastián y Luciano Accastello y consistía en una visita a los entrenamientos del Lobo de los sábados a la tarde para intercambiar no más de un par de frases. No había lugar para pensar en los 25 kilómetros a recorrer, fiebre, gripe, llueva, nieve o truene y cancelar ese instante de insiparción a la bendita suerte. La escena era así: los amigos de Guille, que por la mañana siempre jugaban un torneo de fútbol, llegaban sobre el final de la práctica y se apostaban contra el alambrado esperando que el Mellizo terminara la práctica. Y ahí es que se producía un diálogo absurdo pero inalterable a la vez en el que sólo Sebastián y Guillermo intervenían:

-    ¿Cómo salieron hoy?, preguntaba el Melli.
-    Ganamos (Empatamos, perdimos, según el resultado que corresponda).
-    Ahhh...
-    ¿Cómo forman ustedes mañana?
-    No sé, ni idea...
-    Che, ¿sabés adónde lleva esa ruta?
-    Sí, creo que sale a la 36...

La última respuesta del Siete Bravo apuntaba a un camino que pasa por atrás del predio de Estancia Chica, y era el cierre de uno de los ritos semanales más absurdos pero ineludibles.

¿La solución, la salvación? Todo puro cuento

Poster de El Gráfico Gimnasia subcampeón Clausura 1995.
Cierto es que Guillermo jugó al fútbol como adora la camiseta de Gimnasia: con el corazón. Estaba a 90 minutos de cumplir su gran sueño, y para éso se había quedado luego de haber recibido varias ofertas y rechazarlas todas: Cruz Azul de México U$S550.000 a mediados del '93; Emelec de Ecuador U$S700.000 a principios del '94, que luego de una cena con su amigo, el Tano Guzmán, quien le hizo saber que se perdería la final de la Copa Centenario, Guillermo contestó "Deciles a los ecuatorianos que les agradezco la oferta, pero no me voy. Me quiero quedar en Gimnasia"; Toluca de México a fines del '94: "La oferta no es tan importante como para que justifique la decisión de irme de Gimnasia. Acá me siento cómodo y soy hincha fanático", dijo el Mellizo.
Aquélla noche era la última del Clausura '95, y el Tripero dependía de sí mismo para campeonar. Desde Avellaneda, Diego Cagna denunciaba aprietes telefónicos para que Independiente "no se interponga en el camino de Gimnasia". Desde la noche anterior muchos hinchas acampaban en la entrada del Estadio para ingresar no bien se abran las puertas. A la hora del partido el Bosque hervía, pero en el entretiempo, tras el gol de Mazzoni a los 44 minutos, estaba helado. Y al final, con San Lorenzo ganando en Arroyito 1-0 a Central, el hielo se derritió en lágrimas. Gimnasia había perdido contra sí mismo, contra sus nervios.
Cancha de Gimnasia de La Plata el día del subcampeonato.
Ni la ovación y eterna idolatría curaban a un Guillermo dolido como nadie, y después de desagotar todo el llanto necesario para liberar tanto dolor, decía "cuando me acuerdo de esa noche tengo ganas de morirme. Me sentí muy mal. Nadie más que yo quería ganar ese partido. Era mi sueño. Por ahí nos faltó serenidad para encarar el partido. No supimos manejar la situación cuando el gol no llegaba. No hay otra explicación. Ahora no me voy a ir de Gimnasia. Quiero revancha", avisó con bronca y sed de gloria, quien esa magra noche se fue caminando desde el Estadio hasta su casa, y sólo se desvió unos pasos para perseguir a piedrazos a unos hinchas de Estudiantes que pasaban en un auto gastándole bromas propias de la derrota.
Comenzó el año 1995 y Mallorca y Sporting de Gijón, ambos de España, acercaron una oferta por alrededor de U$S2.200.000 para llevarse a los Mellizos. "No, gracias", dijeron nuevamente.

Salgo a la calle, a la noche, a la platea, vos te pegás a mi hoy soy tu salvación

Apertura 1995, y el Gimnasia del Viejo Carlos Timoteo Griguol se tuteaba en la cima del Torneo con Boca, Vélez y San Lorenzo. Habían pasado Deportivo Español (1-0, Lagorio), Platense (1-0, Guglielminpietro), Huracán (2-1, Morant y Alonso) y siete días después vendría otra prueba de carácter, en Córdoba, contra Talleres.
Lito Gárgano, hincha reconocido de Gimnasia al que no le hace falta presentar credenciales, recuerda como si fuera hoy aquél partido:
Guillermo en entrevista post partido sobre la quinta amarilla.
"El partido estaba 1-1, con un gol del Pícaro Fernández, pero se había puesto muy complicado y Gimnasia tenía que ganar o ganar para seguir prendido ahí arriba. Y justo cuando más necesitábamos de Guillermo le sacaron una amarilla y con ésa llegó a la quinta. Se perdía el próximo partido, nada menos que con Boca. El pendejo empezó a hacer puchero, a protestar, a patear la tierra de la calentura... Se estaba yendo del partido. Entonces, en ese momento, me acerco a la parte más baja de la tribuna para tenerlo lo más a tiro posible y cuando veo que está mirando para mi lado le grité con alma y vida: 'Pendejo, la concha de tu madre, el partido que viene lo jugamos de local en el Bosque. Ahora resolveme éste'. No sé cómo me escuchó, pero giró la cabeza, me miró y asintió. Y en el último minuto metió el gol del triunfo... No lo podía creer. Cuando terminó el partido los jugadores se acercaron a la tribuna y empezaron a tirar las camisetas. '¿Qué hijo de puta se va a quedar con la mía?', pensaba. Porque en realidad no había nadie que mereciera la de Guille más que yo. Y de golpe veo que el Mellizo viene hacia el sector desde el que le había gritado, me ubica y me dice: 'Ésta es para vos'. Fue la alegría más grande que me dio un jugador de Gimnasia en toda mi vida" sentencia el hincha del Lobo. Y posteriormente Guillermo confirma: "Cuando me acerqué al alambrado para tirar la camiseta escuché que desde el costado me gritaban 'No me cagués eh... No me cagués'. Y cuando lo ubiqué se la dí en al mano".
Acá les dejo un resumen de la gesta platense con tintes de epopeya y declaraciones del Melli y Dopazo.